
Así como la Masonería nos revela la naturaleza de la Divinidad, en el plano mental o intelectual, así la Fraternidad en esencia es la expresión de la Divinidad en nuestra vida cotidiana.
Los que estamos aquí en el plano mundano no hubiéramos podido concebir jamás la verdad de la Unidad de la Vida si no la hubiéramos expresado por medio del amor fraternal en nuestras relaciones diarias con otros seres. De ahí que la Fraternidad —que es el único objeto obligatorio de la Masonería— en esencia es la encarnación de la Divinidad en este plano práctico y concreto, nuestra tierra. Vista desde arriba, es Divinidad; vista desde abajo, es Fraternidad. Divinidad es a la Fraternidad lo que Vida es a la Forma. En ambos casos son las dos caras indivisibles e inseparables de la misma moneda.-
Así como un río sin agua está muerto y no sirve, así la Fraternidad carece de vida y efectividad sin la Divinidad que la anime y vivifique. En verdad, cuanto más fluyan las aguas de la Unidad de Vida, de la Unidad dé Espíritu, del Atman, por el río de la Fraternidad, más se ampliará su lecho, su vehículo, la Masonería y sus Logias, en utilidad y servicio a la humanidad.
De modo que, si queremos que el ideal de la Fraternidad Universal de la humanidad prevalezca en el mundo y sea de verdadera utilidad y servicio a la especie humana, es hora ya de que proclamemos a todos los hombres otra idea, el lado vital de la Fraternidad Universal, o sea, la de la Divinidad de la Humanidad; para que así podamos todos realizar nuestro patrimonio común espiritual y participar de nuestra vida común, y vivir como hijos e hijas del mismo Padre, Dios, como parientes y amigos, como hermanos, en fraternales vínculos de amor, tolerancia y unidad. La Masonería o Sabiduría Divina ha vuelto a serproclamada al mundo por medio de sus enseñanzas y rituales, con el objeto, indudablemente, de restaurar y revivir una vez más la antigua Verdad olvidada.
"Tú eres Aquello", que ahora se expresa un poco diferentemente como la "Divinidad y Fraternidad del Hombre"; o sea que el hombre es el Espíritu, el Atman, el Principio Divino; que por consiguiente, y puesto que es UNO con los demás espiritualmente y en esencia en su naturaleza interna, también es UNO con ellos en su manifestación externa, o sea psíquica y físicamente.
Los Grandes Seres o Maestros, a quienes se les debe el movimiento de los antiguos misterios ahora plasmados en la Masonería, planearon que este mensaje de Fraternidad llegara a triunfar finalmente como toda UNA verdad. Empero es absolutamente necesario inculcarla gradualmente.
De ahí que primero se nos diera la idea de la "Fraternidad Universal de la Humanidad", y ahora se nos esté haciendo énfasis sobre su contraparte, o sea la "Divinidad de la Humanidad".
Hemos estado predicando por muchos años la idea de una Fraternidad Universal de la humanidad. Necesitamos contribuir ahora con otro pensamiento, el cual es el de la Divinidad Universal de la Humanidad.
Vemos que hoy las gentes de Oriente y Occidente, de Norte y Sur, de cualquier nivel de vida, y hasta las Naciones mismas, han comenzado a pensar en resolver sus problemas por medio de la cooperación y la unidad, es decir, por medio de uniones, sociedades, tratados, federaciones y demás.
Pero, puede decirse que, aunque hemos empezado a pensar nuestros problemas en términos de la globalización, sin embargo todavía acecha la separatividad en nuestros corazones, como un abismo que nos divide a los unos de los otros, y así vemos un partido en oposición con otro, un grupo en lucha con otro, con el objeto de asegurarse ventajas para sí y en oposición a los otros. Miremos hacia cualquier fase o esfera de la vida humana, religiosa, social o política, y veremos que en lugar de la actitud de cooepración, de ayuda mutua, y de comprensión y tolerancia recíprocas, reinan el prejuicio, la acrimonia y mala voluntad, no obstante que todos pertenecemos al mismo genero Humano, vivimos en la misma tierra, y tenemos problemas y factores comunes que afrontar.
Esta falta de unidad y armonía resalta en todos los aspectos de nuestra vida y hasta se encuentra en todas las instituciones que se supone trabajan por la causa de la humanidad, dedicadas al servicio humano. Todas ellas parecen estar en pie de competencia Bélica, listos a aplastarse y exterminarse unas a otras, en vez de cooperar, ayudar y trabajar para beneficio de todos sin excepción. ¿Requiere esta manifestación alguna corroboración? ¿No es un hecho autoevidente? ¿No abundan las historias del mundo tanto del pasado como del presente, de ejemplos de esta clase?
Por qué han de pelear y luchar entre sí los hombres, ha sido siempre un problema, un enigma que sorprende a muchos, pues en esta tierra lo que afecta a uno afecta igualmente a otros para bien o para mal. Consideremos como los desastres de la Naturaleza, tales como los terremotos, deslizamientos, oleadas de calor y frío, inundaciones, sequías, equidemias, así como también las bendiciones y bondades de la Naturaleza, afectan por igual no sólo a los seres humanos, sino también a los animales, a la vegetación y al suelo mismo de la tierra, y cuan fútil se hace el intento de cualquiera por escapar de ellas. ¿No muestra ésto que la vida en esta tierra, aunque se manifiesta de diversas maneras, está intimamente relacionada, o mejor dicho, es un conjunto integrado?
Empero los seres humanos, ya sea deliberadamente o por causa de ignorancia o engreimiento, piensan de sí mismos como separados de los demás, y de ahí la lucha por obtener ganancias individuales separadas, o por el triunfo del partido o institución o grupo a que el individuo esté afiliado. Más aún, este espíritu de rivalidad ha penetrado en el campo de la ciencia de tal manera que las exploraciones e invenciones se usan para extinguir y borrar no sólo ejércitos de hombres en los campos de batalla sino también personas inocentes, animales, aves, árboles, con todo cuanto les rodea en la Naturaleza y en la civilización.
Este problema mundial de la lucha y caída del hombre debería preocuparnos seriamente. Vayamos hasta la raíz misma del problema y encontremos la causa real y fundamental, y entonces veremos la panacea verdadera. Recurramos al auxilio de la gran escritura, El Bhagavad Gita, en donde Shiri Krishna traza las causas que llevan al hombre, al individuo y también a la sociedad en conjunto, a la ruina y decadencia. Krishna dice: "El hombre, al fijar su mente en los objetos de sensación, queda atado y esclavizado a ellos. Del apego surge el deseo; del deseo la pasión; de la pasión la decepción; de la decepción la memoría confusa; de la memoria confusa la destrucción de la Razón; por la destrucción de la Razón el Hombre perece".
Ahora bien, si examinamos las causas de la perturbación actual, de la destrucción total que amenaza hoy a la sociedad humana, a la luz de las palabras del Gita, veremos claramente que es solamente el apego a los placeres materiales a cualquier costo, sin importar las consecuencias, ya sea en el nivel individual, o en el del grupo, partido o clase, y hasta en el nivel nacional o de un grupo de naciones, lo que produce fundamentalmente toda la tensión y lucha y tumulto en el mundo. Este deseo, esta sed de placeres y adquisiciones materiales, se agrava cuando lo insinúa y lo acucia la mente, el sentido del "Yo soy", del "yo y lo mío".
Este sentimiento egoísta comienza en el individuo y se extiende a un grupo, secta o clase de individuos, con variantes de religión, color, casta, sexo y demás, de donde surgen las categorías opuestas, tales como la oriental y la occidental, la capitalista y la no-capitalista o laborista, demócrata, comunista, la de los blancos, etc. Como lo dice el Gita, todo esto ocurre solamente en el caso de aquel que ha perdido la Razón, Buddhi, o Intuición, y jamás en el caso de aquel que se identifica o trata de identificarse con la Divinidad o Atma. La Razón o Buddhi es el mismísimo trono, o tabernáculo, o morada, de Atma, el Yo Superior.
Sólo cuando el hombre se convierte en un materialista y vuelve la espalda a su verdadero Yo interno, —el Atma, el Principio Divino-latente en todo ser humano— ocurre su caída; nunca de otra manera.
Por lo tanto, el remedio para todas las dolencias humanas está en despertar al individuo, y por consiguiente a la humanidad, del sueño de Avidya, ignorancia o burdo materialismo, a la luz del conocimiento y sabiduría; es decir, a que él no es apenas un atado de cuerpo, sangre, sentidos, emociones e intelecto, los cuales apenas constituyen su aspecto inferior y más burdo, sino que él es la Divinidad, el Atman, el Ser real que mora en su cuerpo.
Solamente al despertar en el individuo esta conciencia más elevada, y por tanto en la humanidad, pierde su influencia la sed de posesiones materiales y de placeres de los sentidos, dando lugar al sacrificio de si mismo, al altruismo y beneficencia.
En esto está toda la solución. Esto es lo que necesita promulgar e inculcar hoy en día la Masoneria a la humanidad, más que cualquier otra cosa, es esta idea de la Divinidad de la Humanidad.
Notemos también que el gran filósofo de Occidente, Platón, dijo que:
"Las Ideas rigen el mundo y a medida que las mentes de los hombres reciben ideas nuevas, dejando a un lado las antiguas y gastadas, el mundo avanza a grandes revoluciones y todos los credos y potencias se desmoronarán ante su pujante marcha aplastados por su irresistible fuerza, tan imposible será resistir a su influjo, llegado el momento, como detener el progreso de la marea".
Tal es el poder que contiene esta idea de la Divinidad-Fraternidad de la Humanidad, que nos ha sido dada por nuestros Hermanos Mayores, que con nuestros esfuerzos en la marcha del tiempo llegará a hacerse irresistible y a reinar suprema en el mundo, trayendo así paz, prosperidad y bendición para todos.
Cuando todos los hombres se reconozcan como una humanidad, podrán resolverse todos los problemas de la guerra, la pobreza, la miseria, etc., "hasta que, finalmente, todos los sentimientos humanos y puramente individuales —los lazos de sangre y amistad, el patriotismo y la predilección racial— todos desaparecerán, para mezclarse en un solo sentimiento universal, el único verdadero y santo, el único inegoista y Eterno "Amor", -un Inmenso Amor por la Humanidad en Conjunto-".
Solamente cuando este sentimientio se haya despertado en la humanidad, nacerán y florecerán en el mundo más y más instituciones fraternales como la Masonería. Benditos los que respondan a este llamamiento y trabajen por esta idea, porque trabajar por la Masonería es trabajar por la Divinidad, por la humanidad y por el mundo, todo lo cual constituye un solo trabajo.
La DIVINIDAD en acción o práctica, es FRATERNIDAD.
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